El amor ha de formar parte de la educación y ser el elemento sobre el que se apoya el proceso educativo. Un niño necesita muchas cosas para su desarrollo, y el amor quizás sea una de las principales cosas que necesita, veamos que aporta el amor:
Cuando un niño recibe amor, se siente querido y sobre todo se percibe digno de ser querido. Esto favorece el desarrollo de una sana autoestima.
El niño que recibe amor, aprende unos patrones de apego saludables. Por lo tanto establecerá vínculos sanos en un futuro.
Cuando el niño no recibe amor puede convertirse en una persona dependiente, y anhelante de muestras de afecto y cariño.
El amor recibido por el niño le sitúa en un clima favorable para su desarrollo y le evita sensaciones de desamparo o desconfianza.
El amor le aporta seguridad y confianza al niño que le permitirá enfrentarse a situaciones desagradables y adversidades de una manera segura.
El niño que se percibe amado, percibirá y buscará consuelo en las personas que le quieren y desarrollará su inteligencia emocional, además de evitar el desarrollo de malestar emocional.
Más allá del amor, la percepción
Es fundamental introducir el amor en nuestra labor educativa no se trata solo de quererlos, sino y sobre todo de permitir que ellos se den cuenta de que les queremos, que sean conscientes del amor que tenemos hacía ellos, que puedan percibir ese amor.
Es decir, además de querer a los niños debemos demostrarles que les queremos. Si el niño no se percibe querido, podrá tener importantes consecuencias negativas para su bienestar, autoestima y futuras relaciones y vínculos.
Este es uno de los dilemas más comunes de los padres, y es precisamente porque la gran mayoría de los niños pasan por la etapa donde les contestan de mala forma a los padres, sin embargo pocos saben cómo manejarlo y transformarlo para que se convierta en algo bueno y así evitar que los niños contesten.
Muchos se preguntaran como puede ser que algo que es considerado como una falta de respeto pueda ser algo bueno, y afortunadamente es así, pues cuando los niños responden están dando su opinión acerca de algo, ahora lo malo es con la actitud que lo hacen, pero eso es transformable.
Los niños atraviesan esta etapa cuando están en la formación de su personalidad, y hay que decirles con mucho amor que está bien que ellos den su opinión crítica acerca de algo, de hecho que es importante que lo hagan, sin embargo debe hacerse con educación y mucho respeto, y sobre todo respetando la opinión de los demás en este caso de los padres.
Las recomendaciones para los padres empiezan con que no se lo tomen a pecho como si fuera que los hijos no los quieran o algo por el estilo, deben entender es parte normal de su crecimiento y que es deber del padre guiarlo por el camino correcto.
Y en segundo lugar no cometas el error más común que es seguirle la corriente y responderle de mala manera tú también, una buena técnica para empezar a erradicar ese comportamiento es ignorarlos hasta que hagan la crítica de buena manera.
Casi desde el momento en el que los niños nacen podemos empezar a aplicar algunos consejos de disciplina positiva. Estos son algunos de los que se deben tener en cuenta.
1. Modelarle con tu ejemplo
Los bebés aprenden lo que ven, por lo que tu ejemplo es clave. Cuida mantener tu tono de voz suave, trata de no perder el control de las situaciones y procura ser un permanente modelo positivo para él.
2. Distraerlo
Si tu bebé está llevando a cabo alguna conducta peligrosa o lo ves a punto de hacer un berrinche por algo que desea o que ha perdido de vista, prueba a distraerle súbitamente con algún estímulo nuevo. Verás que es bastante fácil y puedes ahorrarte un momento de llantos y regaños. Ambos lo agradecerán.
3. Cuidar el lenguaje
Trata de reservar el 'no' para situaciones muy peligrosas o indeseadas; para lo demás trata de usar frases en positivo.
4. Ser consistente
Las cosas que un bebe tiene permitidas y las que no, no pueden depender de nuestro estado de animo. Por ejemplo, si no le permites jugar con el control remoto de la televisión, no debes permitirlo en ningún momento, aunque sea para distraerle; asegúrate de cambiarlo por algún juguete que pueda usar siempre.
La disciplina es una de las cosas más importantes que puedes enseñarles a tus hijos. No tiene que ser algo tedioso o engorroso, al contrario, ¡tú puedes hacer que sea divertido! Aquí te paso 4 juegos que desarrollan la disciplina en tus hijos.
1. Congelados
Aprender a controlarse a uno mismo es una cualidad de carácter importantísima. Procura enseñar a tus hijos a controlar sus impulsos.
Este juego ayuda a desarrollar esta cualidad. Quizá tú lo jugaste como “las estatuas de marfil”, pero se trata, simplemente, de bailar o correr hasta que mamá dice “¡congelados!”. En ese momento, todos deben de quedarse quietos en la posición en la que estaban. Después, puedes aplicar esta misma instrucción cuando estén a punto de romper algo o ponerse en peligro.
2. El cronómetros
Este juego es especial para lograr objetivos como recoger un cuarto y estar listos a tiempo para salir a la calle. Primero, haz una lista de todas las cosas que tus niños tienen que hacer –por ejemplo: guardar juguetes, bañarse, vestirse, cerrar ventanas, dar de comer al perro.
Después, la idea es establecer retos de tiempo, cronómetro en mano, para cada una de las actividades. Además de lograr que las tareas se conviertan en algo divertido, ¡todo se hará más rápido!
3. La tabla del comportamiento
A veces, los pequeños solo necesitan un poco de motivación para desarrollar esos hábitos de disciplina que quieres enseñarles y una tabla del comportamiento puede ayudarte mucho con esto.
Coloca una tabla o cartulina en algún lugar visible, que muestre los días de la semana y las categorías o comportamientos que se van a evaluar. Puedes colocar caritas felices y tristes o algunos “emoticones” para que ellos vean cómo lo están haciendo. Algunas categorías pueden ser “limpieza del cuarto”, “obediencia a la primera”, “tareas de la escuela”. Obviamente, debe haber un premio cuando logran terminar la semana con buena calificación en la tabla.
4. Dibujos dictados
¿Apoco no es desesperante cuando los niños no te escuchan? Te tengo un juego buenísimo que les ayudará a tus peques a enfocarse y realmente escuchar lo que estás diciendo con todo detalle.
Se trata de que ambos dibujen lo mismo, cada quien en su hoja de papel, pero el truco es que tu niño o niña no puede ver lo que tú dibujaste, sino que tú le tienes que dar instrucciones muy detalladas de qué dibujar para que sus trazos terminen dando como resultado lo mismo que tú hiciste –por ejemplo, una flor.
A continuación puedes encontrar estrategias que tratan de minimizar o reducir toda aquella conducta disruptiva o disfuncional.
1. Extinción
Consiste en “ignorar” la conducta inadecuada del niño (rabieta, enfados, amenazas, insultos). Decirle “no lo hagas más”, “estate quieto”, “me voy a enfadar”… es una forma de prestarle atención, por lo que seguirá haciéndolo.
Debemos retirar la consecuencia reforzante (atención) a la emisión de la conducta inadecuada, de manera que el niño aprenda la asociación entre hacer algo inadecuado - no prestarle atención. Hay que ignorar este tipo verbalizaciones y conductas no cediendo en ningún momento ante ellas.
2. Tiempo Fuera
Consiste en retirar al niño físicamente del espacio actual para trasladarlo a su habitación u otro lugar, por un breve espacio de tiempo. También pueden ser los padres los que se retiran del lugar donde esté el niño en el caso de ser inviable lo que he dicho anteriormente.
Se hará de forma inmediata a la conducta disfuncional, para que el niño lo asocie directamente con dicha acción, con una actitud neutra, utilizando un tono de voz lo más objetivo posible, evitando toda actitud de enfado, sin regañar ni gritar.
Lo realizaremos sin establecer interacción social con él. En el caso de que el niño pregunte por qué le hacemos eso, le daremos una explicación concreta, y sin carga emocional, del motivo. Podemos sacar al niño de la situación reforzante (por ejemplo instigarle para que vaya a su habitación y abandone el salón donde está pegando a su hermano), o eliminar el estímulo que origina la mala conducta (por ejemplo si el niño comienza a lanzar con una cuchara la comida que no quiere comerse, quitarle la cuchara).
El tiempo de aplicación será de aproximadamente 5 minutos, nunca excederá de 10, y siempre con supervisión. El niño podrá regresar al sitio donde estaba, o nosotros volver al sitio donde se ha producido el conflicto cuando su comportamiento en el último minuto haya sido el adecuado, intentando no hacerlo mientras manifiesta comportamientos inadecuados tipo gritos, amenazas, golpes…
3. Sobrecorrección
El niño “repone” el daño ocasionado. Debe practicar la manera correcta de realizar la tarea o lo que se le pida. Esta técnica se emplea ante conductas que supongan un daño o causen un deterioro (por ejemplo: derramar la leche intencionadamente sobre la mesa).
En estos casos debemos incentivar al niño a deshacer o reparar el daño mediante comportamientos positivos (en este caso recogiendo con un trapo la leche derramada). Puede que esto no resulte fácil, pero es esencial que el niño asuma su responsabilidad, reconociendo lo que ha hecho, solventándolo lo antes posible.
La disciplina positiva comienza desde el nacimiento, los lazos de unión y la confianza que se forman cuando los padres atienden a las necesidades del bebé se convierten en el fundamento básico de la disciplina positiva. Pero, nunca es tarde para comenzar por lo que si has aplicado disciplina tradicional siempre es buen momento para mejorarlo.
Facilitar un clima de bienestar en casa, donde no estemos siempre crispados y estresados.
Respetar el ritmo de aprendizaje de nuestros hijos. Cada niño se desarrolla a su propio ritmo, cada uno es único y especial, no debemos forzar a que superen etapas si no están preparados para ello. . Las prisas son el peor enemigo para la educación.
Ser paciente y tolerante con sus errores y fracasos. Todos necesitamos equivocarnos para aprender. Los errores son nuevas oportunidades de éxito.
Valorar el esfuerzo y no tanto el resultado final. Elogiar cada progreso y no solo los éxitos.
Evitar gritar y reñir por todo cuanto hacen o dejan de hacer nuestros hijos.
Rebajar expectativas respecto a nosotros mismos y hacia los demás.
Dialogar con nuestros hijos desde bien temprana edad. El diálogo nos ayudará a hacerles reflexionar sobre su modo de conducirse en la vida pero también es la base para que se sientan parte importante de la familia.
La disciplina positiva trata de enseñar a los niños a comportarse, respetándoles en todo momento. Es importante que aprendan el buen comportamiento ayudándoles a comprender las consecuencias que tiene su comportamiento. Muchos padres buscan alternativas para disciplinar a sus hijos y a desarrollar nuevos enfoques porque la disciplina tradicional no les sirve o se han dado cuenta que a largo plazo, trae más problemas que beneficios.
«La disciplina positiva se basa en el refuerzo positivo, el elogio y el respeto, fomentando desarrollo del autocontrol del niño.”
Los expertos como Jane Nelsen afirman que es durante los primeros ocho años de los pequeños cuando los padres pueden dejar su huella en la personalidad final del niño.
¿Tienes dudas de cómo criar a tus hijo/a? ¿De cómo educarlo correctamente? No te preocupes, hoy te explicamos 4 estilos de crianza que te ayudarán a decidirte.
Primero, es importante que sepas que existe muchísima bibliografía escrita sobre los diferentes estilos de crianza. Por lo tanto, nuestro consejo es que no te decidas por un estilo al 100% sino que combines lo que más te convenza de cada uno.
En la actualidad, un modelo del que se habla mucho es el propuesto por los psicólogos MacCoby y Martin en 1983, que se basa en dos ejes: la exigencia paterna hacia los niños, y la disposición paterna a la respuesta. A partir de su interacción, quedan definidos cuatro estilos básicos de crianza:
Estilo de crianza autoritario
Un control fuerte en cuanto la exigencia, poca disposición y reciprocidad definen el estilo de crianza autoritario. Aquí son los adultos los que mandan, y los niños los que callan y obedecen. Son padres que esperan muchísimo de sus hijos, imponen gran cantidad de reglas y si no se cumplen aplican castigos.
Por otro lado, no suelen ser afectuosos con sus hijos, sino que se muestran distantes. Los niños suelen ser sumisos y obedientes, de baja autoestima, o bien rebelarse en la adolescencia ante tantas normas.
Estilo de crianza permisivo
Por el contrario, padres permisivos son aquellos de control relajado, alta disponibilidad y reciprocidad para las necesidades de los niños. Hoy en día es común escuchar hablar de los “padres helicóptero”, los que sobrevuelan alrededor de sus niños, pendientes de satisfacer hasta el menor de sus caprichos y que no saben decir un “no”. El estilo de crianza permisivo se basa en establecer pocos ( o ningún) límites, resultando perjudicial para estos niños, que después tienen dificultades para desempeñarse académica y socialmente y suelen comportarse como pequeños tiranos.
Estilo de crianza autoritativo
Se lo conoce también como estilo de crianza democrático. El más equilibrado, sabe combinar un control fuerte con una alta disponibilidad. Son padres que ponen reglas claras, pero están abiertos a dialogar y explicar sus motivos. Sus hijos reciben contención y afecto además de límites, y suelen crecer con autoestima alta, empatía hacia los demás y capacidades de liderazgo.
Estilo de crianza negligente
Un control relajado, baja reciprocidad y afecto dan como resultado el estilo de crianza negligente. Son padres y madres desatendidos, que no brindan contención a sus niños ni están emocional o físicamente disponibles para ellos. No exigen mucho de sus niños pero tampoco se muestran solícitos o afectuosos. Delegan la crianza en terceros, como la institución escolar. Sus hijos crecen abandonados, con pobre autoestima, no saben cumplir normas y tienen problemas en la interacción social.
Por supuesto que estos cuatro estilos de crianza no suelen darse “puros”, sino que son una idealización. Sin embargo, no está demás que los conozcas para así reflexionar sobre cómo quieres criar a tus hijos.
Amenudo, como maestros o adultos significativos para los niños, nos enfrentamos diariamente a los retos que conlleva el participar en la educación de los pequeños. Si bien es cierto que un maestro o maestra pasa años estudiando una carrera de educación para obtener todas las estrategias posibles a implementar con sus grupos, cada grupo de niños es diferente, cada niño es diferente, y año tras año se enfrentan a nuevas posibilidades.
Cuando se trata de ejercer la disciplina, seamos padres o maestros, la mayoría de las veces lo hacemos desde lo que aprendimos por lo que nos enseñaron nuestros padres, por el estilo de crianza que nos impartieron, sin atrevernos a mirar un poco más allá. La disciplina que usaron con nosotros cuando éramos niños, se basaba en seguir parámetros establecidos por los adultos, alcanzar sus expectativas, obedecer a determinadas normas, ya que de lo contrario deberíamos asumir castigos también dictados por el adulto, que no podíamos refutar y que en algunos casos afectaban directamente nuestra dignidad y carácter.
Tipos de corrientes sobre crianza
Actualmente, existen varias corrientes en temas de crianza y educación, desde las más tradicionales, hasta las más alternativas como pueden ser la Crianza Respetuosa, Crianza con Apego y Disciplina Positiva. Ésta última ha tomado mayor auge en la actualidad, porque puede aplicarse tanto en casa como en el aula, y no se trata sólo de respetar los intereses, necesidades y ritmos del niño, sino también de establecer límites claros con los que el niño está de acuerdo. ¿De qué se trata en sí la disciplina positiva? Se trata de enseñar valores y normas, en ambientes donde reina el afecto y la comprensión; de corregir conductas inadecuadas que los niños puedan presentar, desde la calma y la reflexión, de trabajar con consecuencias naturales a determinados comportamientos en lugar de castigos, y de reforzar positivamente aquellas conductas que deseamos que el niño mantenga para mantenerlo motivado.
Como adultos siempre seremos una figura de autoridad para los niños, sin embargo, más que estancarnos en ese papel de figura de autoridad, debemos además colocarnos en el papel de modelo a seguir para nuestros chicos. Recordemos que los niños, y sobre todo en edades tempranas, aprenden por imitación, como esponjas que absorben todo lo que ven, así que si queremos que un niño aprenda a comportarse, primero debemos saber cómo comportarnos nosotros mismos. ¿Cómo podemos pedirle a un niño que no grite, si cuando queremos llamarle la atención nosotros le gritamos a él? Es algo contradictorio, no hay mejor forma de que un niño aprenda, que a través del ejemplo.
¿Cómo podemos aplicar entonces la disciplina positiva en el aula?
Como maestro, hay muchas cosas que puedes hacer. En primer lugar, deja de lado las etiquetas. Usualmente cuando un niño presenta comportamientos que pueden ser disruptivos o inadecuados, tendemos a etiquetarlo como el “tremendo”, el que “siempre se porta mal” y el que “no hace caso”, o por el contrario si es un niño al que le cuesta terminar las actividad o se distrae con facilidad, tendemos a decir que vago o distraído. Sin saberlo, al colocar todas estas etiquetas estamos reforzando esos comportamientos, ya que inconscientemente el mensaje que les transmitimos es que ellos no serán algo diferente a lo que nosotros pensamos de ellos. Es por eso que es tan importante dejar las etiquetas a un lado, y enfocarnos en el niño, en el ser humano que tenemos delante de nosotros. En segundo lugar, como se menciona anteriormente, se trata de modelar con el ejemplo.Si somos maestros capaces de perdonar, reflexionar, de actuar desde la calma y cumplir las promesas que hemos hecho, muy probablemente nuestros niños también lo serán, porque verán en ti como maestro o maestra una figura de autoridad que no es tan diferente de ellos, que también se equivoca pero que es capaz de usar el error como oportunidad de aprendizaje y trabajar en él.
Asegúrate de darles la libertad de resolver sus propios problemas, siempre con tu supervisión. Si se presenta alguna situación de pelea o confrontación en el aula con algunos de tus chicos, llévalos reflexivamente, a que sean ellos mismos quienes solucionen el problema. Hazles preguntas que los inviten a pensar un poco en lo que acaba de suceder, no busques culpables, deja que ambos niños o grupos asuman su cuota de responsabilidad, y busca junto a ellos, diversas opciones de solucionar el problema. Por ejemplo, María golpeó a rebeca porque ésta sin querer la tropezó, e hizo que María se saliera de la línea mientras coloreaba su dibujo, y de allí, se inició una gran pelea.
En una situación así, normalmente, culparíamos a María y ella recibiría un castigo, que aún molesta deberá aceptar. Desde la disciplina positiva, ¿Qué podemos hacer? Llama a ambas niñas aparte y conversa con ellas. Deja que cada una te cuente su versión de los hechos, y a partir de allí brinda tú una conclusión. Cuestiónalas y hazlas que se coloquen la una en el lugar de la otra. Pregunta a María qué hubiera pasado si la situación fuera al revés y hubiera sido ella quien sin querer tropezó a Rebeca y arruinó su dibujo, ¿Le gustaría que le pegaran? Pregunta a Rebeca, ¿si tú fueras María y alguien más arruinara tu dibujo, incluso in intención, que quisieras que esa persona hiciera? Probablemente María te contestará que no quisiera recibir un golpe por tal motivo, y rebeca te dirá que lo más sensato sería pedir disculpas. Los niños tienen la capacidad de reflexionar acerca de sus actos, pasa que a menudo creemos que no es así, y simplemente no les damos la oportunidad.
Para finalizar, colócate tú la etiqueta del respeto, no podemos pedirle a un niño que sea respetuoso, si él es irrespetuoso, sea porque apuramos su ritmo de desarrollo, sea porque no le damos el tiempo suficiente para recrearse, sea porque le regañamos en público y no lo elogiamos nunca. Repetimos, la forma más efectiva de que los niños aprendan es a través del ejemplo, y si ellos y toda su esencia es respetada, seguramente estamos educando a niños capaces de respetarse a sí mismos y a otros, que luego se convertirán en adultos respetados y respetuosos.
Existen distintos tipos de crianza, o bien, distintos modelos a la hora de ejercer como padres/madres.
Sin duda, las relaciones entre padres e hijos son bidireccionales, porque el comportamiento de uno influye sobre el del otro y viceversa.
Podemos distinguir entonces diferentes estilos de crianza: autoritario, indulgente (permisivo), negligente, asertivo (o democrático).
El autoritario es exigente pero no receptivo, espera el cumplimiento de las normas pero no considera la necesidad de explicar las razones de las reglas o los límites.
El indulgente supone ser responsable pero no exigente, en realidad, es permisivo, son pocas las exigencias o los controles.
El negligente destaca por ser controlador, pero no implicado. No existen ni exigencias, ni responsabilidades, no se establecen límites. Aunque sí se da respuesta a las necesidades básicas (alimentación, dinero).
El asertivo supone ser exigente pero receptivo, en el que se marcan los límites y las normas, se ejerce control sobre las acciones, pero anima a los menores a ser independientes, permite que exploren con libertad y puedan desarrollar sus propios razonamientos y sus propias decisiones. Se establecen los límites pero se demanda madurez y si hay que castigar, se explican los motivos. Por lo tanto, las normas son claras y como resultado los menores desarrollan la independencia, madurez y la autoestima. Quizá sea el estilo más recomendado.
CONSEJOS PRÁCTICOS
Mostrar afecto, sensibilidad y responsabilidad ante las necesidades de los hijos e hijas.
Fomentar el DIÁLOGO, la ESCUCHA, la PARTICIPACIÓN en el seno del hogar.
Entender la importancia de las explicaciones, de marcar los límites y las normas para que los menores tenga claro cuál es su papel y lo que se espera de ellos/as.
Esforzarse por llevar a cabo una disciplina inductiva, positiva, basada en el RAZONAMIENTO, en la comunicación de todas las partes.
ESFORZARSE POR ENTENDER a los menores, sus preocupaciones, sus intereses, sus necesidades, mostrándoles cariño y cercanía. Hablamos de la importancia de lograr un clima dialogante, respetuoso y cordial en el seno de la familia.
La Disciplina positiva enseña a los niños desde temprana edad a convertirse en miembros responsables, respetuosos e ingeniosos de sus comunidades.
Este método educativo, enseña importantes habilidades sociales para la vida de una manera que es profundamente respetuosa y alentadora para los niños y los padres.La disciplina positiva se basa en el entendimiento de que la clave para una crianza positiva no es el castigo, sino el respeto mutuo mediante el diálogo.
Ayudar a los niños en su desarrollo entrenando sus cualidades y habilidades para que se conviertan en personas responsables, respetuosas e ingeniosas.